lunes, 10 de enero de 2011

De regreso a cortar.


Al terminar una obra y dejar atrás el proceso creativo entramos al momento de su publicación, cuando uno quiere que se estrene y muestre la obra. Al estar experimentando en éste nuevo ámbito me doy cuenta que las opiniones pesan; y entiendo que las exhibiciones culturales establecen estándares, esquemas y lineamientos (cajas) a los que hay que apegarse para ser publicados. Es por todos sabidos que en el cine por lo regular se transgrede la versión del realizador para llegar a la que finalmente ve el público. Por ejemplo si el medio es “Internet” es indispensable disminuir la calidad a la imagen y el tamaño de pantalla probablemente sea el de una computadora; de igual forma las cosas cambian si es una obra literaria y el presupuesto no alcanza para el tiraje habrá que quitarle páginas. El mundo audiovisual no es la excepción.

Actualmente me encuentro justo ahí, con la cabeza ya un poco desgastada y la tijera fría a mi lado. Entro entonces al gran dilema de la balanza, quiero que mi película se vea por todas partes y siento que si la corto no estoy siendo honesto con mi obra y lo que siento. El comentario actual de programadores y gestores culturales es quitarle 15 minutos a un corte de 105 minutos. En cuanto lo supe pensé que era como dejar sin brazo a un ser humano, pero hoy me puse a pensar que mi obra muy probablemente tenga un brazo demás. Una extremidad sobrante que le resta armonía, coherencia y fuerza; así que sin sentirme un automutilado de lo que algún día creí era "el corte final" agarraré la tijera y haré uso de ella con el único afán de satisfacer las expectativas que esta peli debe cumplir consigo misma.

1 comentario:

larisa dijo...

"A veces el juicio de las películas queda determinado no por su secuencia cumbre o por el engranaje general de su historia sino por ese momento aparentemente intrascendente que acaba por encender la luz roja de alarma del crítico." Edición Internacional del País Dic 29-2010.